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Frutos de colores en el jardín

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La cosecha de color en los frutos y bayas del invierno

Frutos de colores en el jardín

Son muchos los árboles y arbustos que culminan su ciclo reproductivo anual con la aparición de una cosecha de bayas y frutos de colores. Algunos de estos frutos aparecen en otoño y maduran con la estación: van ganando en color a medida que el aire se enfría. Otros nacen y maduran en el verano, ocultos por las hojas, y el invierno elimina la pantalla del follaje para revelar los brillantes toques de rojo, anaranjado, amarillo, azul, lila, gris, negro o blanco, relucientes entre las ramas desnudas.

La preponderancia del rojo

De todos los colores de frutos y bayas, el rojo es el más frecuente. Dos ejemplos comunes de arbustos de bayas rojas son los siempre verdes llex opaca (acebo americano) y Pyracantha; precisamente, las hojas lustrosas del acebo, color verde oscuro, mezcladas con el rojo brillante de las bayas, se han convertido en el símbolo de las celebraciones navideñas. Las ramas elegantes de Pyracantha, cargadas en invierno con racimos de bayas de tono carmesí, son ideales para cubrir una pared en sitios soleados, aunque la planta es también atractiva si se deja crecer según su forma natural o como integrante de un seto.

Las bayas rojas, así mismo, aparecen en caducifolios como el crataego, el cornejo, el manzano silvestre y el serbal de cazadores (Sorbus aucuparia). Entre los arbustos de fruto tardío, que fructifican cuando ya no les queda follaje, están el llex verticillata, con sus innumerables bayas color coral, y el Viburnum trilobum, con sus grandes bayas rojas que tienen tres lóbulos, como su nombre científico lo indica. A su vez, los frutos de los agracejos, como diminutos pendientes, cuelgan de las ramas espinosas durante todo el invierno; el cornejo "Kousa" da un llamativo fruto colgante, parecido a una fresa, de color rosa oscuro, que contrasta con el tono escarlata del follaje otoñal y con la corteza, muy ornamental.

Los manzanos silvestres de flor en general dan frutos rojos, que duran hasta el invierno. Sin embargo, las variedades como Malus hupehensis y M. floriburda tienen frutos de un hermoso tono amarillo limón. Algunos ejemplares de acebo, viburno y otros también producen bayas de tono amarillo, anaranjado pálido y anaranjado rojizo.

Al otro lado del espectro

Las bayas azules son menos brillantes que las rojas, pero igualmente apreciadas por la intensidad de sus colores, que resultan espectaculares en medio de un follaje otoñal de tono caoba. Las bayas brillantes, azul lavanda, del calicarpo se mantienen hasta el invierno, y muchas variedades de hiedra también dan bayas azules. Por ejemplo, la hiedra de Boston se adorna con una profusión de racimos azules, que se realzan entre el follaje de matiz burdeos. Su prima hermana Parthenocissus guinquefolia da bayas de color azul oscuro, parecidas a los arándanos, pero venenosas. Las bayas del jardín pueden ser las favoritas de las aves y los insectos, pero sólo se deben consumir en casa las que están acreditadas como comestibles.

Varios tipos de acebo y de viburno dan bayas negras, muy atractivas, pero el efecto más espectacular es el que ofrece el arbusto Symphoricarpos albus con sus racimos de frutos de color blanco opaco y del tamaño de una canica. Las bayas grises azuladas del agracejo norteamericano, en comparación, son insignificantes, aunque tienen un puesto especial en la historia: los antiguos colonizadores americanos fundían estos frutos de textura áspera para hacer velas aromáticas, y algunos habitantes de Nueva Inglaterra aún conservan esta tradición.

El cultivo mejora la cosecha

Sea cual sea el tipo de baya que se cultive en el jardín, esta clase de arbusto o árbol debe estar en un sitio bien soleado. La cantidad de sol que reciba la planta determina la densidad de su floración y la abundancia de la cosecha. Además, algunas plantas son dioicas, lo que significa que el ejemplar femenino da las bayas debe ser polinizado por otro ejemplar masculino. La mayoría de los acebos son dioicos, de modo que, si no lo hay en el vecindario, se puede plantar un acebo macho en cualquier lugar poco visible a no más de 30 m del ejemplar hembra, sin olvidar que un solo acebo macho puede polinizar a una gran cantidad de plantas femeninas de su especie.

Hay que estar preparado para compartir la cosecha de bayas con las aves que pasen por el jardín. Incluso mucha gente planta arbustos y árboles para atraer a las aves, que gustan mucho de las bayas rojas. Pero si lo que interesa es conservar los frutos por su valor ornamental, se colocarán las plantas cerca de la vivienda, porque el movimiento de las personas espantará a los pájaros.

Otra forma de disuadir a las aves consiste en colocar plantas que den frutos amarillos o dorados, menos atractivos para ellas. Por último, se pueden situar comederos con semillas variadas, que también deleitarán a los pájaros del lugar.

Las bayas dentro del plan de colores del jardín

Por sus matices, las bayas destacan entre el colorido circundante. Los grandes racimos de tono escarlata del Crataegus crus-galli harán un notable contraste, por ejemplo, con las agujas azuladas de un pino escocés. Lo mismo ocurrirá, a la inversa, con las bayas de tono gris azulado de ciertos laureles, si están cerca del follaje de puntas rojas de una Thuja orientalis "Compacta" y un cornejo de tallo rojizo. Para obtener una buena combinación de colores cálidos, se puede colocar un viburno de bayas amarillas junto a los frutos rojos de un escaramujo, o recurrir a la clásica unión del rojo y el blanco, representados por las bayas del agracejo y por las del Symphoricarpos, respectivamente.

Otras combinaciones atractivas se logran con plantas similares de colores contrastantes. Por ejemplo, se combinan dos variedades de manzano silvestre como "Red Sentinel" y "Butterball", que dan frutos rojos y amarillos; o bien se reúnen viburnos de bayas rojas y amarillas, Pyracantha, acebos y serbales de frutos anaranjados y amarillos.

El mejor efecto se logra poniendo las plantas que dan fruto agrupadas, ya sea delante de un fondo -un muro, una valla o un seto siempre verde-, o bien sin él, para que los frutos adquieran preponderancia. La regla dice que las bayas de tonos anaranjados y rojos se ven a mayor distancia que las azules o rojas oscuras. Además, como ocurre con las flores pálidas, las bayas de color claro destacan más a la sombra que bajo la luz del sol.

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