El rosal, el arbusto regalón que nos adorna el jardín y la casa puede sufrir con el tiempo cambios que los envejecen y afean. La poda de los rosales tiene por objeto rejuvenecerlo y darle forma según la variedad y la utilidad que queremos obtener, ya sea como arbusto de matorral, cerco, trepadora o de flor de tallo largo para cortar. Es conveniente realizarla en invierno cuando las matas están en receso invernal o al inicio de primavera si hay heladas en la zona. Se debe exceptuar los rosales treparadores, que debe podarse apenas termine la floración. La savia va primero a los extremos de las ramas. Los primeros brotes se desarrollan en esos lugares a finales del invierno y si viene una helada posterior pueden ser destruídos. Si el rosal no ha sido podado, no tiene importancia, pues esos brotes se encuentran en los tramos de los tallos que van a ser eliminados. Si ha sido podado, esos brotes se pueden helar y son los que contamos para el crecimiento y producir la floración en la siguiente temporada. Conociendo ésto, es necesario no retardar la poda para no cortar las ramas con toda la savia en movimiento y no adelantarse para que los brotes nuevos no reciban la helada que los puede destruir. Si esto sucede, los brotes de más abajo tomarán más fuerza y se repartirán alrededor de las ramas. Este accidente, debilita a los rosales y posterga la floración. Puede ser más grave si se trata de rosales nuevos o de variedades más frágiles. Estas recomendaciones son generales para todo tipo de rosales, pero las hay más específicas para la distintas variedades, si son arbustivas; de pie alto, trepadoras floribundas o de tallo largo. Con estas indicaciones estamos seguros que no va a sufrir ningún traspié, y obtendrá lindas flores en la próxima temporada. |