A pesar de la gran variedad de especies vegetales disponibles para lograr un magnífico jardín y de nuestras mejores intenciones, la elección que hacemos a la hora de construir el nuestro, no siempre consigue los mejores resultados ni un efecto duradero. Sucede con frecuencia que luego de unos años, nuestras plantas no logran adaptarse, pues fueron desplazadas por otras más grandes o de mejor arraigo. También porque se secaron o no lograron su desarrollo óptimo, e incluso debido a que su floración fue insuficiente. Las causas principales de estos tropiezos en la formación de nuestro jardín surgen de aspectos tan importantes como el tipo de suelo, ph necesario, diámetro y altura de crecimiento, los cuales, siendo básicos para un resultado óptimo de diseño, no fueron considerados en el momento oportuno. Otro problema es el de la época de floración. Cuando se diseña un jardín sin tomar en cuenta este gran detalle, lo más probable es que en ciertas épocas del año se vean desnudos y sin color. Casi muertos. Para evitarlo, investigamos algunas fórmulas de asociaciones vegetales que han dado buenos resultados, y las utilizamos para diseñar un pequeño jardín modelo, en la región metropolitana, preocupándonos de mantenerlo verde y florido durante todo el año. En él jugamos con diferentes texturas, alturas y densidades de vegetación que estas asociaciones nos puedan entregar. Un jardín permanente en el hogar Como ejemplo, hemos escogido un terreno grande, donde hay una piscina y una terraza con pilares, como elementos arquitectónicos importantes. Por medio de la utilización de asociaciones vegetales, elementos decorativos y tratamientos de suelo, buscamos crear espacios, puntos focales y pantallas visuales que le den atractivo al jardín en cualquier época del año. El uso de especies caducas como el liquidambar y el ginkgo, formando una pared visual frente a la piscina, permite observar durante el invierno un tono amarillo-anaranjado en el medio del jardín, contrastando con el verde tapiz del césped y la construcción de la piscina. En verano, el follaje de estos árboles produce una pantalla verde que proporciona privacidad al recinto. La combinación vegetal utilizada en los costados de la terraza debe buscar un contraste con elementos arquitectónicos, eventuales columnas o el rojo de la piedra laja usada en las jardineras. Para ello elegimos la combinación del verde perenne del taxus con el amarillo del orégano y el ella. Las ajugas, colocadas como cubresuelo, agregan el color rojo púrpura que da vida al conjunto, y las flores naranjas de los tajetes armonizan con el tono "tierra" de la laja. A más altura; las flores del magnolio dan el toque final con su blancura y delicado aroma. Todo esto suaviza la dureza de los pilares y la frialdad de la terraza. Los jacarandás, usados en la esquina superior izquierda, entregan un aire romántico con sus flores lilas, que dan mayor profundidad al jardín e invitan a un recorrido o a una siesta bajo su sombra. En la asociación del fondo, arbustos perennes como el pitosporo y el coprosma, mantienen el verde todo el año, lo que es grato en el invierno. El coprosma, conocido como "charol" por sus hojas brillantes, otorga a ese sector una belleza muy particular, especialmente después de una lluvia o del riego, ya que su brillo aumenta con el agua que recibe el follaje. En el sector alto del jardín, utilizamos especies nativas como el quillay, peumo y maitén. Este lugar es apreciado desde cualquier punto, y con el tipo de follaje que estas especies nos proporcionan, se puede recrear un ambiente más rústico y natural, más íntimo y con mucho olor a campo. Los crespones empleados son arbolitos muy atrayentes y decorativos. Su gran variedad de colores permite un juego de tonos que en combinación con los jacarandás y el verde perenne de los pitosporos, consigue alegrar hasta el rincón más frío. Al perder sus hojas aportan al paisaje sus hermosos troncos café claro, completamente lisos y medio retorcidos, como un juego caprichoso entre tanta vegetación formal. El uso de pavimentos, piedras y colores en los tratamientos de suelos y elementos constructivos, son también factores imprescindibles y decisivos para el jardín. En este caso se eligió la piedra Laja roja y amarilla, para crear senderos y jardineras, dar color y contraste. La segunda asociación vegetal importante de arbustos, es el conjunto de altura, color y textura utilizados en una pequeña terraza en elevación. Aquí se usó taxus como especie neutra y columnar. El orégano (origanum vulgare "aureum") contribuye con el amarillo. La anémona con las chispas de blanco y la ajuga con el rojo púrpura de sus hojas, que de paso armonizan con el rojo tierra de la Laja. Estrategias de diseño de la asociación de cultivo En general, además de la vegetación, existen estrategias de diseño que permiten hacer de un pequeño jardín un parque. Las más importantes son: - Crear puntos focales, vale decir lugares de interés visual por medio del color, textura, porte y otra característica de las especies vegetales seleccionadas.
- Crear estratos: Utilizar el juego de dimensiones de las especies para que nuestro jardín no se vea plano.
- Usar pavimentos para decorar y dar realce a los puntos importantes. Es imprescindible considerar distintos colores y texturas que darán movimiento a los elementos que no lo tienen.
- Poner ondulación y ritmo en la plantación para crear amplitud u otorgar un sentido de privacidad a algún sector. El sentido de este "juego" con los espacios, es el de añadir vida y movimiento.
- Considerar niveles y terrazas como otra solución para evitar vistas planas. Así agrandan sus espacios, aumentan su atractivo e invitan a ser recorridos.
- Existen muchas formas de sacarle partido a un jardín pequeño. Las señaladas, en esta ocasión, son las primeras de una serie de ejemplos prácticos de diseño que le entregaremos en nuestras próximas ediciones.

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